Si tuviera que elegir un disco favorito entre los que se encuentran aquí, creo que me quedaría con In the reins de Calexico y Iron and Wine. Son sólo 7 canciones pero cada una de ellas tiene su propio sentido, se justifica la presencia de todas, nada se puso para rellenar y tal vez por esto mismo uno queda con la sensación de gusto a poco. Además, así fue como conocí a este cantautor, de nombre cristiano Sam Beam, cuya voz se metió imperceptiblemente en algún resquicio rebelde de mi memoria auditiva.
Gracias a santa Wikipedia me enteré que su primer trabajo, The creek drank the cradle (2002), fue producido y grabado por él mismo en su estudio casero... y se nota.
El año 2004 edita Our endless numbered days,muy similar al primero en cuanto a estructura pero con una producción profesional que se agradece de corazón. El disco repite algunas constantes de The creek… pero agrega más instrumentación. Conservando, eso sí, la sencillez de melodías y arpegios simples pero bellos, en total concordancia con historias mínimas que son contadas con la
suavidad de una voz sin apuros ni exigencias.En cierto momento, mientras lo oigo cantar Sodom, South Georgia, cierro los ojos, me dejo llevar por los recuerdos, y siento la extraña impresión de ser nuevamente un niño sentado junto a una fogata, escuchando atentamente esas historias inventadas por los viejos acerca de aventuras inexistentes y que eran la delicia de nuestra infantil imaginación.
Dicen que para escribir un cuento, una novela, o una canción en este caso, el único gran requisito es tener una historia que contar… y Sam Beam tiene muchas. Y sabe cómo contarlas.
A medida que continuaba leyendo sobre mi nuevo amigo, sus influencias y símiles, aparecían nombres conocidos para mi (Nick Drake, Elliot Smith) y términos también habituales en este blog: indie, alternativo, no comercial, en fin. 'Son todos una cofradía' me dijo, alguna vez, un amigo :)
Su discografía oficial la completa Shepherd's dog, editado este año. Mucho más producido que los anteriores y creo no equivocarme al decir que la experiencia de tocar con Calexico le animó a experimentar con nuevos ritmos e incluir variados instrumentos que le dan un toque de eclecticismo que, en vez de alejarlo de ese tono tan suyo e intimista, le dio la posibilidad de desarrollarse en niveles que hasta el momento no había probado.
Siento que Shepherd’s dog es un nuevo punto de partida para Iron and Wine, no en pos de la fama sino que en el proceso de crecimiento de un artista que, ojalá, siga escribiendo canciones tan personales y propias, y por esa misma razón, tan universales e identificables.
Pero aun si así no fuera, por lo menos nos quedará un puñado de los más bellos temas que he oído en mucho tiempo: Sunset soon forgotten, Sodom, South Georgia, Carousel que me recuerda algunas cosas de ese disco increíble que es Nursery cryme de Genesis, y principalmente Ressurrection fern y Naked as we came, cuyo video dejo para su consideración. Saludos.
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Naked as we came