En muchas ocasiones, cuando me enfrento a la tarea de componer (sí, componer, presumo de músico), me asalta la inquietud de por qué lo hago. Es algo que me cuestiono a tal punto, que la mayoría de la veces resulta en un intento frustrado.
Ante tanta frivolidad, música ligera, carente de sentido, vacía, me reconforto con el consejo desinteresado de un amigo: “si vas a hacer algo, hazlo con honestidad”. Y es en ese momento en que intento conectarme con mis vivencias, con aquello que se aloja en nuestro inconsciente, cuando surge la voz auténtica, portadora de una verdad esencial y poderosa… la voz de Víctor Jara.
“Que el canto tiene sentido, cuando palpita en las venas del que morirá cantado las verdades verdaderas”, es mucho más que la premonición de su ominosa muerte, es una declaración de principios. Para quienes asumimos una labor creativa, ya sea desde la música, poesía, pintura, etc., el canto de Víctor adquiere total vigencia y nos revela a un cantor popular más vivo que nunca.
Dicen que no hay que temerle a las influencias, pero a veces huimos de ellas en un intento absurdo de escaparnos de algo que llevamos dentro. Con la música de nuestra tierra me pasa esto, cada cierto tiempo siento la necesidad de volver a ella y he llegado a un mom
ento en mi vida en que ya no escapo, por el contrario, siento que le debo mucho y además que necesito de ella.
ento en mi vida en que ya no escapo, por el contrario, siento que le debo mucho y además que necesito de ella.
Creo que algo similar le debe ocurrir a Francesca Ancarola. Además, al escuchar Lonquén, su último disco, y sorprenderme por el respeto pero a la vez, por la libertad creativa al momento de entregarnos nuevas y refrescantes versiones de los temas de Victor, siento que se confirma esa conjetura.
Dedicado completamente al gran cantautor y folklorista chileno, Lonquén conjuga magistralmente diversos estilos y formas musicales en una acertada selección de canciones, en donde destaca la versátil voz de Ancarola: sutil, lírica y hasta rockera.
Es reconfortante confirmar que la intolerancia y el odio sólo disfrutan de triunfos momentáneos. Pensar que asesinando cobardemente a alguien que se encuentra indefenso significaría acabar con su legado, es una ilusión que sólo cabe en la cabeza de quienes ven el mundo en blanco y negro. Victor Jara sigue aún presente entre nosotros... discos como este, lo confirman.
Click