¿Luego de Nick Cave qué?! no podía, o no quería, seguir con algo similar pero revisando mis cds he llegado a la conclusión de que mis amigos tienen razón: soy un melancólico de tomo y lomo. Además, esa melancolía está aderezada de una buena dosis de humor cáustico y negro, es decir, no tengo nada de música alegre o que por lo menos invite a mover el esqueleto, porca miseria!
Pero si es así, si en verdad soy tan melancólico ¿por qué será que ando todo el día sonriendo? o ¿por qué deben repetirme las cosas dos o tres veces para bajarme de la luna? mmm, creo que hay que investigar concienzudamente la causa de tamaño misterio, no lo puedo dejar pasar por alto.
Como soy un convencido de que la música y los estados de ánimo son inherentes entre sí, busco algo que no me saque de mi relajo ni me despierte de este momento de felicidad tan extraño y que amenaza con hacerse costumbre... y lo encuentro: Blackfield!!
Y claro, no hay nada que se aleje más de la oscuridad de Nick Cave que lo que hace este dúo formado por el inquieto genio creativo de Steven Wilson (alma mater de Pocupine tree) y el músico israelí Aviv Geffen.
En fútbol se habla de 'pequeñas sociedades', y siento que eso es lo que ha creado este par de músicos de excelencia: una pequeña sociedad que le regala un puñado de canciones de calidad a un corazón desbordado. Estoy seguro de que no soy el único que se ha enganchado con este disco lleno de humanidad y sentimiento... o por lo menos eso espero, saludos
Sólo Steven Wilson y compañía puede darse el lujo de desechar material de primera calidad, no incluyéndolo en el que es hasta ahora el último disco de Porcupine Tree: Fear of a blank planet (2007) ¿Acto premeditado? quién sabe. Lo cierto es que a mediados del presente año el cuarteto inglés lanza el EP Nil Recurring, que contiene cuatro monumentales composiciones construidas a partir de aquel material sobrante y que resulta ser de lo mejor que hasta la fecha nos haya entregado PT.
En esta oportunidad, como en algunas anteriores, la banda vuelve a contar con la siempre fructífera colaboración del legendario guitarrista y compositor, Robert Fripp.
Lo que se iniciara como el proyecto personal de Wilson a finales de los ochenta, fue decantando hasta dar forma a una de las agrupaciones de rock progresivo más interesante del momento. Con una extensa discografía a su haber, PT ha sabido encantar a sus seguidores y a la crítica con cada nueva entrega.
Con fuertes reminiscencias psicodélicas, muchos vieron a esta banda como la nueva encarnación de Pink Floyd; apreciación más que justificada si consideramos discos como Up the downstairs (1993) y el no oficial Yellow HedgerowDreamscape (1994). Y aunque la influencia floydiana todavía se advierte, la apertura mental de Wilson y su innato sentido de la exploración lo han llevado a utilizar rítmicas y sonoridades propias de estilos tan diversos como el metal, jazz, la electrónica, el pop, con un resultado más que satisfactorio.
Claro que el mérito no es unipersonal. Convergen en la consolidación del sonido PT, las aportaciones inmejorables de Richard Barbieri (teclados), Collin Edwin (bajo) y el espectacular Gavin Harrison (batería), quien además colabora en la composición y en las líricas.
Desde In Absentia (2002), la utilización cada vez más recurrente de poderosos riffs de guitarra viene siendo la tónica que ha delineado el trabajo de estos ingleses, lo que es evidente en sus últimos discos. Quizás el mejor ejemplo de esto se encuentra en Arriving somewhere but not here, aquel increíble tema de doce minutos incluido en Deadwing (2005).
Entonces, no es extraño que Nil Recurring esté lleno de momentos en los cuales nos parece estar escuchando a una banda decididamente metalera. El primer tema es un potente instrumental, donde la guitarra de Fripp arremete con un desquiciado y electrizante solo final, muy crimsoniano. Luego, toda la armazón de Normal está al servicio de la voz y guitarra acústica, los protagonistas indiscutidos de esta canción de tono melancólico, de una línea melódica y armonía vocales realmente exquisitas.
Es interesante advertir que la voz de Wilson perfectamente podría funcionar en un contexto grunge (es una apreciación muy personal) y cuánto dista de las afectadas y pretenciosas vocalizaciones típicas del neoprogresivo.
Cheating the polygraph se desarrolla sobre una base rítmica endemoniada, un dolor de cabeza para cualquier baterista que se precie de tal. Y para finalizar, un optimista What happens now avanza en fluido crescendo hasta estallar en un climax exaltado por el, una vez más, muy crimsoniano arpegio de guitarra.
Entonces…What happens now? Siendo tan sólo un EP, Nil recurring deja la vara bastante alta y nos pone expectantes a la espera de lo nuevo de PT. Sin embargo, no puedo más que confiar en que Steven Wilson encontrará la forma de volver a sorprendernos una vez más.