30 enero 2008

Pedro Aznar - En vivo y Cuerpo y alma

¡Afírmense en sus asientos que se les viene un tren! Nos dice Manuel García. Y yo que traduzco red pencil como rojo lápiz, me preparo para ver entrar a Pedro Aznar con un séquito de por lo menos seis o siete músicos. Y mientras me acomodo lo mejor que puedo en mi butaca, miro a Purplechild que coquetea con la rubia del asiento de atrás. No pierde el tiempo mi amigo
De pronto, se apagan las luces y hace su ingreso Aznar acompañado de un tecladista y un batero.

- ¿Y los demás?
- No seas impaciente hombre, seguro que así comienza el show - Me tranquiliza Purple.

Qué he sacado con quererte, de Violeta, es el tema elegido para iniciar y basta escuchar los primeros acordes para darse cuenta de que la calidad y la entrega de tres músicos de excepción pueden reemplazar perfectamente la cantidad. Se nota que se conocen bien, hay un entendimiento entre ellos que sólo se logra luego de mucho tiempo tocando juntos. El sonido es increible. ¡Uff! ¡cómo será cuando entren los que faltan!

La memoria, más que frágil, es esquiva y egoista, sólo nos muestra lo que se le antoja y ahora siento que se me escapan varios de esos detalles que hacen tan memorables ciertos momentos. Pero recuerdo algunos, por ejemplo, la facilidad con que Aznar logra una conexión inmediata con el público. Miro los rostros de quienes me rodean y veo la concentración absoluta en su bella voz que a estas alturas ya nos tiene atrapados y nos pasea, sin resistencia de nuestra parte, por un repertorio pleno de riqueza musical y compromiso. Incluso me parece ver a Fernando cantar algunos temas, ¡esto es increible!

En cierto momento, Pedro (ya lo tuteo) acompañado solamente con una guitarra, interpreta canciones que según nos cuenta, marcaron su niñez. Cuando canta Confesiones de invierno, siento que me está interpelando directamente a mi y dejando de lado toda mi maldita timidez me pongo a cantar a voz en cuello junto con él. Algunas personas me miran fijamente, sé que las estoy torturando pero me importa un pepino, esta canción es mía, siempre lo ha sido y esta noche lo estoy dejando en claro ¡Y qué!

Al parecer algo similar le ocurre a Purplechild con la estremecedora versión de Jelous guy, porque con entrecortada voz me dice algo de lo que sólo logro entender "este tema..." e intempestivamente se pasa al asiento detrás nuestro donde al parecer es bien recibido. Prefiero no ahondar en ese punto.

Casi al finalizar el concierto, Aznar se pasea entre el público contagiando de ritmo y entusiasmo a todos y llenando de calor una noche de tempestad como solamente lo puede lograr la magia de la música. De pronto veo a Emerson que sostiene a Panchito, allá en primera fila, mientra éste estira sus brazos hacia el argentino y le grita desaforadamente algo que no alcanzo a entender. Luego nuestro amigo nos diría: "Sólo quería tocarlo huevón, nunca quise acariciarlo como pensaron todos". Mmm.

Más tarde, mientras caminamos buscando algún lugar dónde conversar lo vivido, y Panchito continua tratando de justificar su vergonzoso comportamiento, pienso en lo afortunado que he sido. Por una parte, conocí a Manuel García, un cantautor del que no había oido hablar y que ahora ya siento cercano y además, estuve presente ante uno de los más grandes talentos que existen en este lado del mundo. Definitivamente esta fue una buena noche.

¿Y los músicos que faltaban? Nunca llegaron. Pero no hicieron falta, si no lo creen, escuchen el disco en Vivo del 2002 y Cuerpo y alma de 1998.



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