Leía hace poco en algún lado, que si uno está triste, no es buena idea escuchar a Tindersticks porque tristeza puede convertirse en depresión. Me acordé entonces de una conversación trasnochada entre amigotes hace muchos años, en la cual alguien dijo que el disco que escuchaba mientras conducía por carreteras casi desoladas, era The Final Cut de Pink Floyd. Oir esos temas que deben ser los más melancólicos que ha compuesto Roger Waters, en lugar de deprimir a mi amigo, lo llenaba de energía.
Creo que el quid del asunto no es suponer que por preferir un tipo de música en especial, uno será más o menos propenso a ciertos estados de ánimo, sino que, y esto es una opinión muy personal, cuando se tiene la capacidad de escuchar un disco como el último de esta banda y reg
ocijarse como niño con juguete nuevo, y por si fuera poco, no sufrir ningún cambio anímico más que el de sentir que se está frente a una obra valiosísima, entonces, en ese momento, se siente la satisfacción de saber que nuestro caracter da para mucho más que rabietas momentáneas y actitudes de niño mal criado.
Tindersticks, como muchos grupos independientes, tuvo, y sigue teniendo, la osadía de intentar reinventarse continuamente. Tal vez sea la inquietud de los que no soportan el estancamiento o saber que siempre se puede hacer algo nuevo. Hay una búsqueda de autosatisfacción latente, un deseo de sentirse orgulloso con lo que se hace, si luego es del gusto de los demás, cuánto mejor, pero si no es así ¡qué se le va a hacer!
Al igual que aquel tan excelente como desconocido grupo que es Divine Comedy, Tindersticks basa sus composiciones en arreglos musicales de alto nivel, verdaderas orquestaciones avalados por la genialidad de sus integrantes, todos multi instrumentistas, y la inconfundible voz de Stuart Staples. Sería imposible confundirlos con otro grupo, sería una locura decir que suenan como tales otros.
Lo que no es una locura ni una imposibilidad luego de repasar una y cien veces The hungry saw, desde la belleza inicial de la intro hasta la repetición hasta el hartazgo del tema que da el nombre al disco, es quedar con la sensación de que valió la pena esperar desde Waiting for the moon del 2003 porque, a pesar de que aun no llegamos ni a mitad del 2008, ya estamos en presencia del mejor disco del año. Si en unos meses más aparece otro que lo supere, no tendré ningún empacho en cambiar de opinión, pero por el momento, ya tengo mi favorito.

Creo que el quid del asunto no es suponer que por preferir un tipo de música en especial, uno será más o menos propenso a ciertos estados de ánimo, sino que, y esto es una opinión muy personal, cuando se tiene la capacidad de escuchar un disco como el último de esta banda y reg
ocijarse como niño con juguete nuevo, y por si fuera poco, no sufrir ningún cambio anímico más que el de sentir que se está frente a una obra valiosísima, entonces, en ese momento, se siente la satisfacción de saber que nuestro caracter da para mucho más que rabietas momentáneas y actitudes de niño mal criado.Tindersticks, como muchos grupos independientes, tuvo, y sigue teniendo, la osadía de intentar reinventarse continuamente. Tal vez sea la inquietud de los que no soportan el estancamiento o saber que siempre se puede hacer algo nuevo. Hay una búsqueda de autosatisfacción latente, un deseo de sentirse orgulloso con lo que se hace, si luego es del gusto de los demás, cuánto mejor, pero si no es así ¡qué se le va a hacer!
Al igual que aquel tan excelente como desconocido grupo que es Divine Comedy, Tindersticks basa sus composiciones en arreglos musicales de alto nivel, verdaderas orquestaciones avalados por la genialidad de sus integrantes, todos multi instrumentistas, y la inconfundible voz de Stuart Staples. Sería imposible confundirlos con otro grupo, sería una locura decir que suenan como tales otros.
Lo que no es una locura ni una imposibilidad luego de repasar una y cien veces The hungry saw, desde la belleza inicial de la intro hasta la repetición hasta el hartazgo del tema que da el nombre al disco, es quedar con la sensación de que valió la pena esperar desde Waiting for the moon del 2003 porque, a pesar de que aun no llegamos ni a mitad del 2008, ya estamos en presencia del mejor disco del año. Si en unos meses más aparece otro que lo supere, no tendré ningún empacho en cambiar de opinión, pero por el momento, ya tengo mi favorito.

Click
























4 comentarios:
Cuando uno està down este tipo de musica , digamos "introspectiva" es la mejor cosa porque no te hace evadir , te llena lentamente y te hace sentir que no estàs solo en tu melancolia , la alegria llega despuès , cuando tiene que llegar , no como algo forzado sino como parte de un proceso hecho de altos y bajos.
Amo la musica de Tindersticks , elegante , nocturna , magica , profunda .
Aun sin escuchar todavia el ultimo apuesto a ojos cerrados a que es uno de los mejores del 2008
(Junto a "Watershed" de K.D Lang...que es precioso...)
Saludos y gracias por cumplir tu deuda :)
Fascinante, melancolica y volatil... gracias mefistum por presentarnos esta magnifica banda... no la conocia y he quedado manonadado...!!!
¡Ah la cresta!
Enver, tu breve comentario es más acertado que toda mi perorata. Estoy totalmente de acuerdo contigo y me alegro de reafirmar que no soy el único que siente de ese modo.
Gracias a ti Psicodélico amigo, si nadie apreciara lo que uno postea, no tendría sentido hacerlo.
¡Salú muchachos!
Están de moda las canciones tristes en los blogs?
Claro y luego uno pone Monster mash y queda como "raro". Estoy muy de acuerdo con Enver y con el Zombie, y agradecido por tu aporte a la ampliación de mi repertorio "depre".
No sé si es reconfortante, pero de pronto somos varios los que tenemos los mismos problemas y casi casi las mismas experiencias... me da mucho que pensar amiko.
Abraxos
Publicar un comentario en la entrada